domingo, 6 de julio de 2014

La razón de mi locura


He transitado arduamente desde la escarpada colina de la adolescencia, hasta los laberintos de mi cuestionable madurez. Tomé las rutas sugeridas que no me hacían feliz, hasta acabar sucumbiendo en los polvorientos atajos de la desobediencia.
La razón de mi locura ha estado durante mucho tiempo ante mis ojos, pero no he podido verla porque la niebla espesa no me dejaba ver más allá del camino, que supuestamente, debían seguir mis pasos.
Un día observé una senda diferente. Era preciosa. Estaba llena de plantas y flores que jamás había visto. Mi curiosidad hizo que me adentrara en ella, dejando atrás el polvoriento camino. A medida que avanzaba fui descubriendo cosas maravillosas, sensaciones que nunca había experimentado y que me hacían sentir feliz y plena.
En esta senda no había niebla, el sol brillaba radiante alimentando cada poro de mi piel. Había manantiales naturales de los que emanaba agua limpia, cristalina, fresca... calmando mi sed durante mi recorrido.
Y así, paso a paso fui descubriendo quién era y lo bien que me hacía sentir eso.

Hoy sigo en esa senda, alejada de aquel camino escabroso que alguna vez pisé y al que estoy segura jamás volverán mis pasos.


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