Qué
guapo está hoy mi corazón y que bien te quedan estas letras puestas
delicadamente en tus pestañas, que son como el telón de la gran obra de tus
ojos. Perdóname, pero ya sabes que soy chica de metáforas, aunque en realidad
es un eufemismo decir eso, cuando en realidad lo que he sido es una cobarde.
Una cobarde por no saber hablar claro, no atreverme a acercarme a ti y decirte
que eres lo más bonito que he visto alguna vez pisar este suelo, territorio que
aún no he conquistado, porque para mí eso de tener los pies donde hay que
tenerlos nunca se me ha dado nada bien. Y es que sueño tanto, que a veces
pienso que en mi vida no existe presente, sino ilusiones que ahogan el tiempo.
Lo primero que he aprendido de esta historia, nuestra historia, es que el pecho izquierdo siempre va a doler más que cualquier otra parte del cuerpo, será por fisonomía o metáfora, pero estás vendido si se clava ahí la flecha de Cupido. Que sí, que es de Cupido… pero seguirá siendo una flecha… y duele.
Lo segundo es que, si echar de menos es de por sí ya jodido, imagínate echarte de menos a ti, cuando en realidad tendríamos que echarnos de más, pero de sonrisas. Llámame ilusa, soñadora, idealista y romántica, por vender que el amor sí existe, pero nunca me obligues a quemar mi bandera, porque si defiendo una locura así es porque sé que tu y yo somos musa y verso y porque yo empecé a buscar en tus labios la racionalidad de algo tan loco como el palpitar de este corazón… y lo cuarto es que ya iba siendo hora de salir de mi escondite y correr a buscarte. Es el momento perfecto para abandonar el salvavidas y aventurarme a tirarme al mar en mitad de la nada, que no será nada, porque estás tú y lo será todo, que no será escondite porque están tus brazos y eso… eso sí que es magia.
Por último, decirte que lo quinto que quiero susurrarte es que te quiero…
Lo primero que he aprendido de esta historia, nuestra historia, es que el pecho izquierdo siempre va a doler más que cualquier otra parte del cuerpo, será por fisonomía o metáfora, pero estás vendido si se clava ahí la flecha de Cupido. Que sí, que es de Cupido… pero seguirá siendo una flecha… y duele.
Lo segundo es que, si echar de menos es de por sí ya jodido, imagínate echarte de menos a ti, cuando en realidad tendríamos que echarnos de más, pero de sonrisas. Llámame ilusa, soñadora, idealista y romántica, por vender que el amor sí existe, pero nunca me obligues a quemar mi bandera, porque si defiendo una locura así es porque sé que tu y yo somos musa y verso y porque yo empecé a buscar en tus labios la racionalidad de algo tan loco como el palpitar de este corazón… y lo cuarto es que ya iba siendo hora de salir de mi escondite y correr a buscarte. Es el momento perfecto para abandonar el salvavidas y aventurarme a tirarme al mar en mitad de la nada, que no será nada, porque estás tú y lo será todo, que no será escondite porque están tus brazos y eso… eso sí que es magia.
Por último, decirte que lo quinto que quiero susurrarte es que te quiero…

No hay comentarios:
Publicar un comentario